Ocho años después de Múltiplos de uno, Ángel L. Montilla Martos regresa al panorama de la poesía española con este poemario irónico, cáustico, reflexivo, mordaz, denso y liviano a un tiempo. El poeta se sirve del imaginario del vuelo para reflexionar sobre el discurrir de la vida, no entendido al uso tradicional, como un camino de arena, moqueta o asfalto por el que se baja al infierno o se accede al más allá, sino como una travesía aeronáutica con su despegue, su aterrizaje y sus cinturones de seguridad. A estas alturas mezcla la tradición de las vanguardias futuristas con grandes mitos y figuras de la literatura, el cómic y la historia quienes poblaron cielos y empíreos o fueron víctimas de la gravedad y cayeron, en el amplio, metafísico, incluso teológico, sentido de la palabra. Todo sin dejar de lado la voz íntima del yo, que unas veces se observa a sí mismo desde las nubes y otras tripula la aeronave que forzosamente deberá descender algún día. A estas alturas, a más de diez mil pies de nuestras más sublimes expectativas, a treinta y pico de años del despegue, con las esperanzas al aire, las pistas perdidas y el alma inflada como un globo aerostático, muy por encima de océanos y calamidades, de huracanes y remordimientos; a punto de traspasar la invisible barrera de lo sórdido; con las bodegas atestadas de trienios y alopecia; con la radio oxidada, la brújula imantada y sin más rumbo que la inercia, a estas alturas, a estas inevitables alturas justo ahora que iniciamos las arduas, las tristes, las siempre inevitables maniobras del descenso
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