Con una investigación sustentada en expedientes judiciales, entrevistas, archivos y horas de audiencias, la autora sigue las piezas de un sistema que convirtió a civiles -muchos de ellos jóvenes pobres, campesinos o personas en situación de vulnerabilidad- en cifras falseadas, en asesinados presentados como bajas en combate para que militares obtuvieran permisos, reconocimientos y ascensos.
La historia de los hermanos Montes abre el camino hacia una radiografía necesaria: la de unos crímenes que durante años pasaron inadvertidos, la de los eufemismos utilizados para borrar la humanidad de las víctimas, y la del caso de los muchachos de Soacha, cuyas madres obligaron al país a mirar aquello que se empeñaba en no ver.
A través de estas historias, la investigación muestra cómo hechos que parecían aislados comenzaron a revelar prácticas criminales profundamente arraigadas y una lógica que se repetía en distintos lugares.
Oquendo narra también el lento despertar del periodismo y de la justicia ante una verdad que solo pudo salir a la luz gracias a la reportería persistente, a búsquedas que por momentos parecían avanzar a ciegas y a la disposición de escuchar a las víctimas. Fueron ellas quienes, una y otra vez, contaron la misma historia, con nombres y circunstancias diferentes, pero con un desenlace dolorosamente similar: salió de su casa y después lo presentaron como un guerrillero muerto en combate.
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