Entre el 20 A.N.E. y el 17 D.N.E., surge Jezabel como una figura de esperanza, llevando un poderoso mensaje de amor y entendimiento entre los hombres: quot;Amaos los unos a los otros como yo os he amadoquot;. Esta buena nueva fue acogida con alegría por extranjeros, lesbianas, prostitutas, homosexuales, peregrinos y propagandistas; por los oprimidos, afligidos y pobres de las ciudades, especialmente por mujeres cansadas de vejámenes. Anunciaba con amor la llegada de un ser más poderoso que el mismo César. A través de los eriales de Idumea, Perea, Samaria y Galilea, y especialmente en una Jerusalén harta de sufrimientos, Jezabel vagaba con un grupo de seguidores llamados quot;Jezabitasquot;. Mujer emancipadora, su heroísmo se refleja en cada uno de sus actos, conjugando un inaudito amor por los que sufren. Sanaba con la palabra y resucitaba a los muertos, reuniendo a muchedumbres de gente pobre y sencilla. Les predicaba amor y comprensión, atrayendo a hombres y mujeres que la seguían desde apartados rincones de Judea. Las masas subyugadas, oprimidas y reducidas a la miseria encontraban en ella consuelo y esperanza. Los sacerdotes de Jerusalén la consideraron una facciosa, y el Sanedrín en pleno la condenó a morir en la cruz. En el año 17 D.N.E., Marcos Amvibulo, procurador de Judea, confirmó la sentencia. Esta es una historia aderezada con dulzura e ingenio, irradiando el calor del amor más puro. Una historia verdadera, de alma doliente, con paisajes vivos y conmovedores, empapada de humanas y tiernas lágrimas.
Valoraciones
No hay valoraciones aún.